Gevatech : Perlas de Opalo | Las administraciones públicas sanitarias nos garantizan el suministro de agua 100% potable en nuestras viviendas
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09 Nov Las administraciones públicas sanitarias nos garantizan el suministro de agua 100% potable en nuestras viviendas

El Real Decreto 140/2003 (BOE Nº45, 21/02/2003) establece los criterios sanitarios que deben de cumplir las aguas de consumo humano y las instalaciones que permiten su suministro. Además de las normativas comunitarias que inciden en este tema, y lo dictaminado por los entes locales en cada caso (Ley 7/1985 de 2 de Abril).

Es agua potable, sin duda. No obstante, hay algunos aspectos a los que deberíamos prestarles un poco más de atención.

– AGUAS DURAS, AGUAS BLANDAS.

Es bien sabido que, en general, los minerales contenidos en el agua son beneficiosos para la salud. Sin embargo, el exceso o defecto de los mismos puede tener consecuencias negativas. A mayor concentración de sales, mayor dureza del agua. Esto no tendría mayor problema si no fuera por el comportamiento “anti-social” de los compuestos de Calcio y de Magnesio, que provocan incrustaciones en las tuberías, y en las resistencias y conducciones de los electrodomésticos, con efectos corrosivos, recortando significativamente la vida útil de los mismos, y generando un mayor gasto energético, en el caso de aparatos para calentar el agua. Por otro lado, reaccionan con el jabón y con los detergentes formando compuestos insolubles, que se depositan en la ropa, alterando los colores y haciendo los tejidos más frágiles y ásperos. También quedan rastros en la piel ( picores ) y en los cabellos, con efectos imaginables, además de adherirse a las paredes del baño, griferías, mamparas, etc.

A menor concentración de sales, menor dureza del agua, aguas más blandas. En el caso de no poder cambiar el comportamiento “anti-social” del Calcio y del Magnesio, quitándolos del agua eliminamos todos los problemas que ocasionan. Sin embargo, el Calcio trabaja conjuntamente con el Magnesio para formar nueva masa ósea; en individuos normotensos e hipotensos se ha demostrado que el magnesio posee propiedades protectoras (1) y que los suplementos de potasio reducen la presión arterial (2). La enfermedad coronaria es más frecuente en zonas con aguas blandas. El calcio, magnesio, cromo y vanadio, que se hallan en las aguas duras, parecen tener propiedades protectoras impidiendo la absorción de iones tóxicos por parte del intestino (3) (4).

(1) Seelig, M.S., Heggtveit, H.A. “Magnesium interrelationships in ischaemic heart disease: A review”. Am J Clin Nutr 1974; 27: 59-79.

(2) Cappucio, F.P., MacGregor, G.A. “Does potassium supplementation lower blood pressure? A meta-analysis of published trials”. J Hypertens 1991; 9: 463-473.

(3) Ghafoorunisa, A., Krishnaswamy, K. “Dietary prescriptions: Diet and heart disease”. Hyderabad Natl Inst Nutr 1994; 3: 23-41.

(4) Dr. Felicísimo Ramos. “El agua magnetizada”. Mandala Ediciones, 1994.

Extraído de Timely Topics in Medicine. Artículo “Enfermedades Cardiovasculares”

http://www.ttmed.com/cardiologia/main_spn.cfm?ID_Secc=1&ID_Text=737&ID_dis=32&ID_cou=20&var_gif=cardio_spn.gif&var_x=240&var_y=14&CFID=2606114&CFTOKEN=51414164

¿ SÓLO H2O? (1)

Éstas son algunas de las sustancias que normalmente nos encontramos cuando bebemos un vaso de agua:

– RESIDUO SECO : son las sustancias que permanecen después de la evaporación del agua. Se compone esencialmente de sales minerales y/o pequeñas cantidades de materias orgánicas. Se entiende que el hombre puede consumir agua que contenga hasta 2.500 mg/l de sales minerales sin quebranto para su salud pero por encima de esa dosis no es apta para un consumo continuo.

– SULFATOS : el ión sulfato es uno de los que contribuyen a la salinidad de las aguas y se encuentra en la mayoría de ellas. La concentración del ión sulfato tiene acción purgante y se ha encontrado que las aguas que contienen menos de 600 mg/l son buenas mientras las que contienen más de 750 mg/l tienen efecto laxante.

– CLORUROS : el organismo puede soportar aguas que contengan hasta 2.500 mg/l de cloruro sódico (sal). La OMS fija en 200 mg/l el límite admisible y en 600 el excesivo.

– FLÚOR : todos los alimentos y bebidas lo contienen en cantidades casi inapreciables. Se ha comprobado que concentraciones del ión fluoruro en el agua de aproximadamente 1 mg/l juegan un papel muy importante en la protección de los dientes frente a la caries dental pero en concentraciones superiores a 1,5 mg/l se produce el efecto contrario: aparecen en el esmalte de los dientes unas motas coloreadas de tono amarillo, marrón o negro. A esta lesión se la conoce como fluorosis y a ella son especialmente sensibles los niños más pequeños.

– CALCIO : se encuentra en el agua en grandes cantidades. Juega un papel muy importante como protector ya que impide la absorción de iones tóxicos por parte del intestino. El aporte diario que se considera imprescindible -entre 800 y 1.000 miligramos- es suministrado por los alimentos.

– MAGNESIO : se encuentra en las aguas en cantidades generalmente menores que el calcio pero su importancia biológica es grande ya que es indispensable para el desarrollo de ciertos sistemas enzimáticos y para la constitución de los huesos. Desde el punto de vista fisiológico el magnesio -junto al calcio, sodio y potasio- juega un papel fundamental en la conducción eléctrica de los impulsos cardíacos. Si la cantidad de magnesio en el agua es muy grande, por encima de los 125 mg/l, puede actuar como laxante y diurético e, incluso, adquirir un sabor amargo, sobre todo cuando el contenido del ión sulfato es notable.

– SODIO Y POTASIO : el sodio está en las aguas en mayor concentración que el potasio, salvo raras excepciones. Se ha encontrado correlación entre concentración alta de sodio en el agua y varias enfermedades coronarias, hipertensión, enfermedades renales, cirrosis hepáticas y toxemias del embarazo. La presencia de cantidades bajas de sodio en las aguas no ejerce acción nociva sobre el organismo.

– SILICIO : un agua de buena calidad no debe contener más de 20 mg/l de sílice aunque se puede tolerar hasta 40 mg/l sin ningún inconveniente. Se ha comprobado que el silicio ejerce efecto beneficioso sobre las enfermedades de corazón.

– BROMUROS Y YODUROS : las aguas potables no contienen en general cantidades importantes de estos elementos, todo lo más de orden de microgramos por litro, encontrándose en mayor cantidad en las aguas subterráneas.

– LITIO : en el agua se encuentra en pequeñas cantidades, del orden de microgramos por litro. Las aguas litínicas se usan para la curación del reumatismo, gota y piedras en el riñón.

(1) “El agua magnetizada”. Dr. Felicísimo Ramos Fernández. Mandala Ediciones, 1994

– CALCITAS Y ARAGONITAS.

Las sales presentes en el agua tienden a adherirse a todas las superficies con las cuales entran en contacto. Esto es especialmente dañino en el interior de las tuberías de suministro y de calefacción, y en las conducciones y resistencias de los electrodomésticos, donde se forman costras de calcio-magnesio, principalmente, que obstruyen el paso del líquido y que ponen en marcha procesos de corrosión (efecto Evans), provocando serios deterioros muchas veces irreversibles.

Las más dañinas son los Carbonatos de Calcio (CaCO3), que se forman a partir de los iones de Calcio (Ca2+) que reaccionan con los Bicarbonatos (HCO3) y los Carbonatos (CO32-) provenientes del Dióxido de Carbono (CO2), presente de forma natural en el agua.

El Carbonato de Calcio se puede presentar de dos maneras, bien distintas entre sí. Por un lado, están las CALCITAS, cristales polimorfos estables, muy poco solubles y con gran poder de adherencia, que son las que forman las temidas incrustaciones. Por otro lado, las ARAGONITAS, cristales amorfos y solubles que viajan con el agua hasta su destino final sin llegar a formar costras. Ambas tienen igual composición química, CaCO3 , pero su estructura cristalina y sus propiedades físicas son muy diferentes.

– DESPRENDIMIENTOS DE PLOMO Y DE COBRE.

En el largo viaje desde el acuífero hasta nuestros grifos, el agua puede recoger algas, micro-organismos y materia en suspensión. Vista ya la acción del cloro sobre los elementos “vivos”, queda por prestarle atención a los elementos que pueden incorporarse al agua debido, entre otros, al estado de conservación de las tuberías.

Quedan, todavía, muchos metros de tuberías de plomo, generalmente las más viejas y en peor estado de conservación. Sin olvidar que las más modernas, de cobre, suelen presentar soldaduras de plomo. En determinadas condiciones, es fácil que trazas de ambos metales pasen al agua que, finalmente, terminamos bebiendo. No hay que olvidar que los controles sanitarios que se hacen para asegurar la calidad del agua potable no se hacen tomando muestras del agua de nuestros grifos. En principio, cada usuario es responsable del estado de conservación de las tuberías de su propia vivienda.

– CLORO Y PH.

El PH (“Pondus Hidrogenium”) es una herramienta más para medir la calidad del agua. No tiene unidad de medida, y se expresa con valores que van de 0 a 14. Un PH igual a 7, nos dice que el agua es neutra. Para valores menores, se dice que es ácida; para valores mayores, se dice que es alcalina. El agua del grifo suele rondar el 7. En general, las aguas duras tienden a ser alcalinas, y las aguas blandas tienden a ser ácidas.

En cuanto al cloro, según la Organización Mundial de la Salud, “En la actualidad, la desinfección con cloro es la mejor garantía del agua microbiológicamente potable” (1). Por sus propiedades, el cloro es efectivo para combatir todo tipo de microorganismos que pudieran encontrarse en el agua (incluidos bacterias, virus, hongos, levaduras, algas y limos), garantizando que el agua ya tratada se mantiene libre de gérmenes a lo largo de su viaje por depósitos y tuberías hasta llegar a los grifos de nuestras casas.

El cloro tiene dos propiedades químicas importantes. A baja concentración (1 a 5 mg/L) actúa como un bactericida, y a alta concentración (100 a 1,000 mg/L) actúa como un agente oxidante que puede desintegrar partículas de materia orgánica.

Al agregarse cloro (Cl2) al agua (H20), por hidrólisis, se obtiene ácido hipocloroso (HOCl), que más adelante, por ionización, da lugar a iones de hipoclorito (OCl). Ambos compuestos se mantienen en equilibrio, dependiendo de la temperatura y el PH del agua, siendo el hipocloroso de 40 a 80 veces más efectivo que el hipoclorito en su tarea como agente purificador del agua que bebemos. Es importante controlar el PH del agua, ya que a valores por encima de 8 se tiene más hipoclorito y menor efecto purificante; y a valores por debajo de 6 el cloro es más corrosivo y pierde su actividad rápidamente. A un PH cercano al 7, se mantendrá cerca del 80% del cloro en forma de hipocloroso, con su mayor poder purificante. (2)

(1) “Drinking Water Disinfection”, Oficina Regional de la OMS para Europa.

(2) G. Pinto, B. Rohrig, “Use of chloroisocyanurates for disinfection of water”, Journal of Chemical Education , Vol. 80, pp. 41-44, 2003.

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